Raquel Forner

Futuro Acontecer

08/07 al 29/08

Por Larisa Zmud

“Para liberar a los terráqueos de luchas estériles, para liberar a los terráqueos de ambiciones desmedidas, para enseñarles a querer más y mejor. Para enseñarle a asombrarse, a maravillarse de la belleza que nos rodea para enseñarle a comprender el milagro del Arte.”

Raquel Forner, 1979.

Se podría escribir un paper solo con los títulos de las pinturas de Raquel Forner. De otra galaxia. Invitación al conocimiento. Pregunta sin respuesta. Premonición. Fósil de astronauta en Marte. Terráqueos en Marcha. Monstruo espacial con testigo televisado. Ser híbrido del año 3900. Son historias de un registro diferente. Parece decir que las categorías disponibles: surrealismo, figuración, abstracción, no alcanzan para nombrar lo que Forner está haciendo en esta época. Que hay que buscar en otro lado.

En los mismos años en que ella imaginaba sus Mutantes y Astroseres en conexión con los Terráqueos, Ursula K. Le Guin publicaba Los desposeídos, Octavia Butler comenzaba a escribir sobre seres que atraviesan las fronteras de la especie y el tiempo y Donna Haraway teorizaba sobre organismos que ya no pueden separar lo humano de lo tecnológico. Lo que hoy llamamos ciencia ficción feminista (anglosajona) tomaba forma en paralelo a lo que Forner producía en Buenos Aires.

Hay varios hilos de conexión. Forner pintó su serie anterior bajo el peso de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española. La conquista del espacio, en los años sesenta y setenta, reactivó la misma pregunta que la guerra había instalado sin respuesta: ¿qué es capaz de hacer el ser humano con su poder? Le Guin, Butler, Haraway, atravesadas por las mismas catástrofes y esperanzas, elaboraron preguntas similares. Y las respuestas, en todas, imaginaron fantasías similares, más difíciles y necesarias que las distopías apocalípticas: futuros de luchas con amor, de vidas aún posibles.

En sus manuscritos de 1975 Forner escribe que el terráqueo que viaja al espacio lleva consigo “su técnica, sus conocimientos, sus debilidades, su fuerza, sus flaquezas” y que en ese contacto con lo desconocido crea un hombre nuevo, un ser que habrá visto su planeta “minúsculo, perdido en la inmensidad” y comprenderá que todos los que lo habitan son hermanos. Es la apuesta de los Oankali de Butler: seres que mezclan en lugar de conquistar, porque saben que su supervivencia depende de la interdependencia radical con otras especies. Y es también el devenir Cyborg de Haraway, ese ser que ya no puede distinguir dónde termina el cuerpo y dónde empieza la máquina, que habita la frontera como condición permanente. Forner lo pintaba: el astronauta con la televisión, el cordón umbilical tecnológico que lo une a la tierra mientras viaja hacia lo desconocido. Un ser simultáneamente humano, técnico y cósmico.

Lo que esta serie propone es una figura de frontera. Los astroseres; intuidos, vislumbrados, esperados (como ella misma los describe), son seres que muestran que la vida más interesante, la que abre futuro, ocurre donde las clasificaciones se rompen. Forner lo resuelve también en la paleta: blanco y negro para los terráqueos, color para el hombre nuevo. Siempre en contacto, siempre entrelazados. La transformación comienza aquí, en este cuerpo, en este mundo. “Angustia mutada en creación”, escribe Forner antes de realizar estas obras. La frase nombra con precisión una postura que la ciencia ficción feminista de los setenta también sostiene: el desastre no se niega, se atraviesa y se convierte en materia. Hay algo profundamente político en ese gesto, aunque Forner no lo hubiera llamado feminismo, aunque Le Guin y Butler tampoco usaron siempre esa etiqueta. Lo que las une es anterior a estas categorías: la convicción de que inventar futuros donde sea aún es posible la vida es ya una forma de resistir el presente.

Futuro acontecer. El título de esta muestra pertenece a Forner. Señala hacia algo que está por venir, que ya se puede intuir, ya se puede pintar, ya se puede leer entre líneas de una serie de obras que no cierran ninguna pregunta. Que las abren hacia adelante.