ANDRES PIÑA

EL ALMA VOLVIÓ PREÑADA DE MATERIA

10/09 al 17/10

El futuro de los sueños de ayer

Por Martín Felipe Castagnet

¿Cuál es la calidez de un hogar? ¿Qué transforma una casa en un hogar? Un techo no alcanza para definirlo. ¿Pero qué es lo que necesitamos para apuntar en la verdadera dirección de nuestros sueños? Su definición está cada vez más lejos, pero la tenemos cerca del puño.Hacemos nuestra casa en donde podemos descansar cada noche del cansancio de no tener un hogar.

Por eso una cama es más que un mobiliario: la cama es un mueble que está vivo.Mucho más que una superficie, poco más que un rectángulo, incluso el más sencillo colchón en el suelo es una raíz en una época en la que todo flota en el aire. La cama sigue siendo el lugar de nuestras fantasías: las lúbricas y las luctuosas, porque el lugar ideal en el que imaginamos nuestra muerte siempre será una cama.

En el pasado se creía que los humanos despedían gases tóxicos mientras dormíamos; las camas de entonces parecen fabricadas para enanos porque aconseaban dormir semi sentados. Y mucho antes habían inventado las camas de armario, para poder dormir en los graneros entre perros y caballos, pequeños sarcófagos de madera para ricos y pobres que retenían el calor durante el rigor del invierno. Jergones compartidos, kilos de plumas roídas por las ratas, no hay material de la naturaleza que no haya sido convertido en cama por el desesperado.

¿Qué aspectos de nuestro sueño actual será  visto como algo ridículo dentro de varios siglos? ¿Se reirán de nuestras sillas siempre ocupadas por pilas de ropa, de la mesita de luz que nunca se vacía?¿Cuáles serán las formas de dormir en el futuro? ¿Dormiremos conectados a tubos de oxígeno, a serenísimas repúblicas virtuales? Ya no hay lugar para un ocio que no sea también negocio. ¿Trabajaremos también mientras dormimos?¿Será el pijama un uniforme, la frazada un anuncio publicitario, la oscuridad unstreaming? Dentro de poco, morosossin descanso, vamos a estar sujetos a la obligación de monetizar nuestro sueño.

Cada vez más gente se siente expulsada del territorio del descanso. Nos despertamos agotados, como si no hubiéramos dormido nunca, como si un cocinero nos hubiera freído lentamente en nuestras sábanas mientras dormíamos. Nos levantamos con las muñecas entumecidas de nuestro scrolleo nocturno. La cama vuelve a ser un engranaje, un dispositivo de resortes y espuma viscoelástica que no es diferente de un electrodoméstico salvo por su tamaño.Pero estamos a tiempo de resistir. Frente a una lógica que nos prohíbe el descanso, que nos aleja de la noción misma de un hogar, llegó la hora de llevar la cama al espacio público, de poblar las universidades y las plazas con camas, para transformar el reposo una vez más en nuestro hogar.

La iglesia del futuro no estará hecha de cruces sino de almohadas, y se van a salvar quienes se arrodillen junto a la cama a rezarle a la cama misma.